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Monólogo en colores.

Emilia Vanegas Escobar 10º

Monólogo interior ¿Interno… de mí? Realidad, realidad real mía. Mi realidad real. No, no estoy de acuerdo.

¿La realidad no era pues algo subjetivo e irreal? ¿Acaso importa? Mi realidad, mía, mi verdad. La verdad… y de qué escribo, ¿A quién le importa? Pero podría mentir ¿no? Podría decir que mi color favorito es el rojo, y que mi número favorito es el 7. Eso sería real ¿no? Porque él se lo creyó. Pero mi número favorito es el 5, no el 7, y el azul es mi color favorito, no el rojo. ¿O lo del 5 será mentira? Pero una mentira es real ¿no? No sé.

Mi color favorito es el azul y mi número favorito es el 5 porque el 5 es un número azul.

 

Me gustan los conceptos como verdad, realidad, sentido y mentira. La verdad es lo que no es mentira y la mentira es lo que no es verdad, igual con lo real e irreal, la imaginación… la muerte. Dormir sin soñar es como yo me imagino la muerte. La nada de estar dormida, y solo sé que me dormí hasta que me despierto al otro día, solo que no despertaré de la muerte. Qué miedo. Mis sueños son casi todos reales, al menos se sienten como tal, hasta que me despierto.

 

Cuando estaba en sexto, el profe Diego me pidió que escribiera en un papel mi rutina, de lunes a domingo. Estábamos en el coliseo. La escribí, yo quiero mucho al profe Diego. Después me preguntó por qué hacía cada cosa, si tarde o temprano moriría. “¿Para qué te sirve todo esto, Emilia, qué sentido tiene para ti tu vida?”. La muerte me asusta. Cuando tenía seis años se murió Julio, y la misa fue aburrida, pero cuando descubrí la muerte me puse a llorar de miedo. “La muerte es cuando el corazón le dice al cerebro que está cansado, y los dos se van a morir al cielo”, me dijo Ma. No creo en Dios, nunca lo he hecho, no hice la primera comunión porque Dios no tiene (ni tuvo en ese momento) ningún sentido, y la vida tampoco. Diego me preguntó cuál era el sentido de la vida y yo no sabía, no sé. Creo que no existe tal sentido. Después de morir no hay nada.

Real… lo único real es la vida, creo.

 

Soñé que me perseguía un gorila enorme, y el gorila era real, y Simón me calmaba diciendo que no, pero se sentía muy real. Era real en mi cabeza, ¿verdad? La vida es solo suerte, para mí haber nacido fue la mejor de las suertes. Me encanta la vida, antes no me gustaba. No comía ni dormía, o dormía mucho. No me gustaba levantarme porque no me gustaba mi vida en el otro colegio, ni en ningún lado.

 

¿La vida importa? Sí, sí, sí, a mí me importa. Tengo ganas de vivirla. ¡Maldito virus!

 

“Mi meta es graduarme sin lagunas de conocimiento, amar el estudio, amarme a mí… y encausar mi vida” le dije, y él me dijo que estaba orgulloso de mí. No sé qué seré, solo que quiero escribir, ¡y mucho!

 

Mi papá también está orgulloso de mí, de mi hermano y de mí. Mi papá dice que su vida somos nosotros, sus hijos, y no lo entiendo. Mi papá tiene sueños que, aunque sé por qué no cumple, no lo entiendo. Mi mamá también. El miedo es horrible, yo también tengo mucho miedo. Mis papás escriben muy bien, a él siempre le muestro mis textos, y siempre me recomienda que evada lugares comunes, frases hechas. Los errores. ¡Pues todo este texto es un lugar común, mi lugar, mi cabeza! Cada vez que discutimos mi papá dice que no sé nada de la vida, y me da rabia. No estoy de acuerdo con él. Para mí la vida son las emociones, los colores. Él dice que soy muy inocente, que no sé del amor… pero yo sí sé un poco. Amo a mi hermano más que a nada en el mundo porque, aunque yo soy la mayor, mi hermano es el mayor de corazón, me hace sentir protegida. No necesito que me protejan, pero él lo hace, y me ayuda y me recomienda libros que no me leo, pero me gusta que los recomiende.

 

Y amo a mi novio, es lo más bonito que he visto. Mi novio, Simón, vive en una realidad extraña, porque percibe el mundo en matemáticas y ciencia, cuando en realidad el mundo es colores, emociones y palabras. Él me ha dicho que sus partes favoritas de mi cuerpo son las que a mí menos me gustan, como mis caderas, mi sonrisa o mis ojos. Cuando me recorre con las puntas de los dedos dice que soy hermosa, se enoja cuando digo lo contrario. En mi realidad mi cuerpo es feo, en la de él es bonito. A Simón también le asusta la muerte, y cuando hablamos de eso nos abrazamos. Mi papá dice que no sé del amor, o de la vida, pero sí sé, porque, aunque sé que el amor es un lugar común ya inventado, igualmente siento que Simón y yo lo descubrimos primero, y sé de la vida porque a veces me concentro tanto en vivirla que no lo hago.

 

La realidad mía, real… El Fontán me ha ayudado a sentir que tengo un propósito que cumplir, como el notable que quiero lograr con esto y las 46 bases de matemáticas. Aunque a veces no estoy de acuerdo con el colegio, a veces reniego mucho, y extraño a mi profe Willy y extraño a la profe Natalia, y me gustaba el olor del Colombo por la mañana más que el del Fontán de la tarde, y rompí con ese colegio, ya no me daban ganas de despertarme por lo que pasó allá, pero lo extraño. Pero no extraño el colegio, o lo extraño, pero al del 2012 cuando entré… Y me caen muy mal, pero pertenezco a esa finca. No al Fontán, pero quiero al Fontán, pero no soy de aquí.

 

Mi realidad es sencilla. Mi cuarto está pintado de blanco, mi hermano tiene el pelo oscuro y es más alto que yo, aunque tiene catorce y yo dieciséis, pero parece mayor y es mejor que todos los niños de 14 que hay. A mi mamá le gusta el arte, vivo con ella, la quiero mucho.

 

Antes del virus salía con Simón todos los viernes, “los viernes son nuestros, sin importar tu universidad o mi colegio”, le dije. Tengo dieciséis años y mi animal favorito es el elefante, mi cuento favorito es Infección, mi novela favorita es Tokio Blues, mi canción favorita es Rey Sol.

 

Mi novio, Simón, tiene diecisiete y está en tercer semestre de Ingeniería de Sistemas, es muy inteligente y se graduó a los quince. Yo me voy a graduar de dieciocho o diecinueve, y tenía miedo de llegar tarde al mundo por eso, pero no, yo ya estoy habitando el mundo, pero no como Tintín, sino desde mi casa con mi perra, y Simón desde la casa de él, y mi hermano desde el cuarto al lado de la sala, y mi papá en su casa en Envigado, y el colegio desde allá, y el miedo a morir y las ganas de vivir, y el mundo real, y los besos y abrazos.

 

La vida es linda, mi realidad es muy simple, mi color favorito es el azul.

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