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Crónica de una pandemia.

Sara Argote Cely  10º

Cuando todo empezó en China, nunca imaginé que llegaría tan lejos. El mundo empezó a cambiar poco a poco y no le dimos importancia, hasta que empezó a avanzar tan rápido que ya no hubo vuelta atrás. 

Antes de la pandemia, estábamos acostumbrados a nuestra rutina. En mi caso y el de la mayoría de estudiantes, era alistarme para ir al colegio, estudiar un poco, tomar el bus, e ir al colegio. Al regresar, veía alguna serie, leía o hacia alguna tarea. Nuestras vidas eran bastante planeadas, hasta que el virus las cambió por completo.  

 

El virus empezó a llegar a Latinoamérica, y pronto entró a Colombia, a inicios de marzo. En pocos días el gobierno anunció una cuarentena preventiva, que se suponía iba a durar unos 15 días. Al principio todo era algo confuso. Mucha gente empezó a alarmarse y corrió a comprar comida y desinfectantes como locos, y por alguna razón mucho papel higiénico. En las casas las familias empezaron a adaptarse a estar juntos y organizarse para estudiar y trabajar en casa. 

 

En el caso de mi familia, mi papá siempre ha trabajado a distancia, así que eso no fue un problema. Mi hermana estudia en la universidad nacional, que había estado pasando por muchos paros estudiantiles así que al menos con la cuarentena pudieron reanudar las clases. Yo aún no había iniciado mi grado escolar por lo que las clases virtuales al inicio no me afectaron mucho, pero es claro que a la mayoría no le han gustado para nada. La mayoría de los colegios no han podido adaptarse a la virtualidad. Muchos estudiantes están desmotivados y no están aprendiendo bien. En mi caso me ha ido muy bien con la virtualidad, porque tengo un modelo diferente de aprendizaje, pero para muchos de mis amigos de otras partes esto no es así. Los estudiantes no logran entender bien las clases, muchas veces no tienen un lugar cómodo para asistir, y todo esto los lleva a desmotivarse y hasta terminar haciendo trampa para pasar, porque además el estar online lo facilita. 

 

La cuarentena al inicio estuvo planeada para unas cuantas semanas, pero al pasar los meses nos dimos cuenta de que no sería así. Los primeros meses, antes de empezar clases, fue bastante chocante darme cuenta de que ya no podía hacer las cosas que pensaba hacer. Lo primero es que en solo unas dos semanas iba a ir a Bogotá a visitar a mis amigos, pero la pandemia no lo permitió. Luego, al entrar al colegio empiezas a extrañar estar con tus compañeros y sentir la compañía, ya que ahora solo ves unas cámaras apagadas. 

Tiempo después, al pasar los meses empiezas a extrañar y dar más valor a las cosas pequeñas o que antes eran muy normales. Comer un helado con tus amigos, ir al cine, ir a piscina o comer en un restaurante.

 

Incluso ir a hacer mercado o comprar ropa, cosas que no pudimos hacer por mucho tiempo, ya sea por toques de queda, pico y cédula, o en caso de los menores de edad, una prohibición casi total a salir. También te das cuenta de la realidad por la que están pasando muchas familias al perder a sus seres queridos. En mi familia eso no pasó, pero para septiembre, mi abuela, de 88 años, enfermó de neumonía, y fue ingresada a la clínica sin la posibilidad de visitas. Cuando se confirmó que no tenía covid fue un alivio, pero mi abuela cuenta cómo sintió que tendría que morir así, sin siquiera poder ver a sus hijos. 

 

Pero no se puede decir que todo ha sido malo. El estar en nuestras casas nos ha dado más tiempo con nuestras familias. También, a pesar de que muchos negocios han quebrado, otros han mejorado al modernizarse. Hemos tomado más conciencia del cuidado tanto de nuestra salud como la de los otros, y hemos tenido más tiempo para nosotros mismos. 

 

Mucha gente ha podido empezar a hacer cosas que antes no había podido, ya sea por tiempo motivación o cualquier otra razón. Una amiga mía se hizo conocida en Tiktok, yo volví a practicar más el piano y aprendí a tocar el ukelele, y a pesar de no ver a mis amigos hablamos frecuentemente por distintas aplicaciones. 

El mundo ha cambiado mucho este año por la pandemia y seguramente cambiará para siempre. No fue un inicio de década fácil, pero es necesario seguir esforzándonos para salir de esto, hasta que haya una vacuna o, simplemente, se acabe con el tiempo.

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